Dejar ir - Desapego

Dejar ir

Hace poco más de una semana tuve que despedir a mi hermosa compañera de vida: mi perrita Chunny.

Ella me brindó el privilegio de compartir 16 años de su vida aquí en la tierra y me enseñó, más que ningún otro maestro, sobre el auténtico amor incondicional y todo lo que eso representa.

Fue una experiencia difícil dejarla ir, quizás una de las más difíciles de mi vida. Pero también fue el momento en que tomé consciencia de que aquello que había leído en los libros y escuchado de boca de otros maestros, realmente se había hecho carne en mí…lo había aprendido de verdad.

Ahora, que ya han pasado 8 días desde que su alma hermosa decidió que ya había cumplido su misión en la tierra, puedo reflexionar acerca de lo importante que es aprender sobre el desapego.

Estamos entrenados socialmente a sufrir las pérdidas. Desde el ego, creemos que aquellos a los que amamos, no deberían hacer su camino sino estar sujetos (y muy sujetos) al nuestro.

No nos han enseñado a aceptar que nadie nos pertenece y que todo Ser que comparte un tramo de su vida con nosotros tiene un designio propio, una misión y un tiempo para realizarla. Y que cuando acaba su tarea tiene que marchar, y no lo hacen para lastimarnos ni abandonarnos, simplemente han completado su misión.

Cuando nos apegamos a alguien creemos que tenemos el control de su vida, que nos pertenece y nos hacemos ciegos a sus necesidades y su voluntad.

Desapegarse no es sinónimo de que no te importe nada ni nadie. Muy lejos de eso, desapegarse es respetar y honrar el camino del otro. Es saber que no se puede perder lo que no se posee.

 

"El apego es posesión el desapego es libertad"

 

Cuando somos capaces de ver la vida desde éste punto de vista valoramos a todos los que nos regalan su tiempo (sea mucho o poco) y aprendemos a disfrutar de su compañía y a aprender de sus enseñanzas, aunque éstas a veces sean amargas.

Nadie viene a nuestra vida sin un propósito, todos tienen algo que enseñarnos y como ya he dicho en otras ocasiones, de las experiencias más traumáticas se aprenden las más grandes lecciones.

Cuando dejamos ir con amor y gratitud a aquellos a quienes amamos respetando su decisión (y la decisión de su alma), aún en medio del dolor que eso nos causa, estamos honrando y respetando su libertad.

Es normal sentir tristeza y es sano llorar todas las lágrimas que sean necesarias, sofocar las emociones nunca es un buen plan. Pero cuando eso se haya hecho es importante también agradecer el tiempo que se ha compartido con ese Ser que ya no está con nosotros.

En mi experiencia reciente, ayudarla a partir rodeada de amor, respetando su proceso y la decisión de su alma, me ha aportado una paz interior difícil de explicar con palabras. Su energía de Amor vivirá siempre en mi corazón…

Sé que ella tuvo un gran propósito en mi vida (y me gusta pensar que yo también en la de ella). Como dije al principio, fue mi maestra, mi compañera en los buenos y malos momentos, mi fuente inagotable de amor incondicional, y el espejo en el que me miraba cada día.

Ahora no la puedo ver con mis ojos físicos, ni abrazarme a ese cuerpecito cálido y mullido, pero la siento palpitar en mi corazón porque ella forma parte de mí y estamos unidas por la misma energía del Amor de la que todos estamos hechos y que nos conecta.

El Amor es nuestra fuente y nuestro destino. De allí venimos y allí retornaremos. Esta realidad que vivimos, es sólo un sueño que parece ser real y de nosotros depende hacerlo lo más plácido posible.

Dejar ir es un acto de Amor hacía los demás y hacia uno mismo.

Con y desde el Amor…que es todo lo que somos y con eterna gratitud hacia el alma brillante, amorosa y generosa de Chunny. 

Claudia Martinez Pardo

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