El difícil arte de ser mujer

El difícil arte de ser mujer

Y si…aunque algunas personas no lo crean ser mujer en éste mundo es un arte.

Sin ánimo alguno de menospreciar a los hombres que son nuestro complemento perfecto, éste post está dedicado a las mujeres.

Intenta ser un homenaje y un reconocimiento a la fortaleza del, malintencionadamente, llamado sexo débil.

Pero también es un agradecimiento a los hombres que, día  a día, acompañan, nutren, apoyan y valoran desde el respeto y el amor a las mujeres de sus vidas.

¿Y por qué digo que es un arte ser mujer?

Porque, para mí, ser mujer es el arte de combinar la delicadeza del mundo emocional con todos sus matices con la fuerza de tener que salir al mundo cada día y luchar por ser respetadas y valoradas por su trabajo y por su aportación real al funcionamiento de la sociedad.

Sólo las mujeres sabemos las luchas internas que se libran en nuestro interior con éstos dos temas y lo difícil que nos resulta mantener nuestra esencia femenina en un mundo que, casi como una exigencia invisible, nos insta a ser feroces leonas.

Pero que a la vez nos critica cuando sacamos las garras.

Nos quieren mansas y agradecidas trabajadoras. Nos quieren sexys pero mudas.

Nos quieren dispuestas a aceptar migajas y a bajar la cabeza.

Porque mostrarse orgullosa de ser mujer y reclamar lo que por derecho nos corresponde es ser feminista, como si serlo fuera un insulto.

Lidiamos con nuestras emociones pero también con nuestras hormonas. Y tenemos que escuchar, de boca del chistoso de turno, la dichosa frasecita «debe estar con la regla» cuando nos enfadamos y mostramos nuestro enfado.

Yo les daba sólo una vez esa experiencia a los chistosos.

Estamos expuestas a ser acosadas por llevar un escote o una minifalda. O volver tarde y sola a casa después de una noche de fiesta.

Y no señores…un escote no es una invitación a tener sexo. Y decir que no a una invitación también es nuestro derecho.

Y también tenemos el derecho de terminar con una relación si no somos felices en ella sin riesgo a ser maltratadas o asesinadas en el más extremo de los casos.

Tenemos tan incorporado el mandato social de la mujer-madre que si decidimos no tener hijos hasta nos sentimos bichos raros sin instinto maternal. Y, aunque lo ocultemos en lo más profundo de nuestro interior, nos juzgamos por eso.

Y si somos madres pero también nos queremos realizar como mujeres en una profesión o en un trabajo, también nos sentimos culpables por no dedicarnos en exclusiva a nuestros hijos.

Y tratamos de compensar. Todo el tiempo intentamos compensar a nuestros hijos, a nuestra pareja o a nuestra familia por el tiempo que nos dedicamos a nosotras mismas y a nuestros anhelos de realización.

Hacemos equilibrio, como malabaristas de circo, con el tiempo, el dinero, las amistades, la familia, la casa y nuestros propios deseos que, en muchas ocasiones, quedan relegados «para más tarde».

Libramos batallas con el peso, con la celulitis, con las canas, las arrugas…la ropa!

Nos han vendido un ideal de belleza imposible, que a golpe de Photoshop, las revistas nos ponen como meta.

Y las que nos dimos cuenta de la «engañufla» simplemente dejamos de comprar revistas «femeninas» y nos dedicamos a ser nosotras mismas.

Nos quieren con el pelo largo, que además de costarnos una fortuna en la peluquería, nos lleva horas tenerlo bien mantenido. Por no hablar del calor que pasamos en verano.

Nos quieren con ropa «sexy» que normalmente responde a ciertos ideales fetichistas masculinos.

Nos quieren buenas amantes, amigas, compañeras, enfermeras, psicólogas, administradoras, madres.

Divertidas, sostenedoras, alegres, participativas, discretas, encantadoras y un largo etcétera que varía de acuerdo a la ocasión y a la persona.

Y nosotras tratamos, todo el tiempo tratamos de ser todo eso. A veces tratamos tanto que hasta nos creemos que eso es lo que somos y queremos ser.

Quizás, y sólo digo quizás, vaya siendo el momento de ser nosotras mismas. Sin etiquetas, sin modelos absurdos, sin presiones externas ni internas.

Somos una gama de colores, aromas, sabores, sentimientos y emociones contenidas en un maravilloso envase capaz de engendrar vida.

Somos la locura y la cordura que van de la mano.

Somos la mano invisible que sostiene el equilibrio cotidiano.

Somos ángeles o brujas según se nos trate.

Somos la cenicienta y también la princesa, a veces con sólo un par de horas de diferencia.

Somos consciencia del cambio necesario que se avecina.

Y también somos la fuerza necesaria para llevarlo a cabo.

Y sobre todo…

Somos tan tercas y obstinadas que seguiremos  ejerciendo, a pesar de los pesares, el difícil arte de ser mujer.

Con Amor y gratitud a todas las mujeres valientes y fuertes de éste y de todos los momentos de la historia de la humanidad.

Y a los hombres que aman a las mujeres, porque con la fuerza de ese Amor nos ayudan a ser mas fuertes.

 

Claudia Martinez Pardo

 

 

 

 

 

 

 

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4 comentarios en “El difícil arte de ser mujer

  1. Me encantó esté artículo, dice cosas muy ciertas y efectivamente agradezco a mi esposo JMP por todo su apoyo e está etapa de mi vida.

    1. Muchas gracias Lilia!! Me alegra mucho que te haya gustado. Y es maravilloso que puedas contar con el apoyo y el amor de tu pareja, estoy segura que tú serás también un gran apoyo para él. Un abrazo grandote.

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