El egoísmo de la enfermedad

El egoísmo de la enfermedad

Hoy me levante con ésta pregunta en la cabeza: ¿Qué sucede con las personas que cuando enferman parece que el mundo gira alrededor de ellas?

Echando mano de todos los conocimientos que he ido adquiriendo me puse a reflexionar y estas son mis conclusiones:

Como organismos biológicos nuestra principal preocupación es la supervivencia.

Dejemos de lado por un momento las creencias espirituales que tenemos con respecto a la trascendencia de la vida humana y pensémonos como organismos biológicos. Todo lo que hacemos en nuestro día a día, seamos conscientes o no, está dirigido en primer lugar a mantenernos con vida y en segundo lugar a perpetuar nuestra especie.
Con lo cual desarrollamos una cantidad de esquemas de supervivencia: trabajar para conseguir el dinero que nos permita alimentarnos, mantener una casa que nos dé cobijo, comprar ropa que nos cubra y nos proteja del frío o del calor, etc. Formamos parte de una familia, un grupo de amigos e instituciones que nos aseguren una red de protección. En ese sentido seguimos manteniendo esquemas de supervivencia desde la prehistoria.

Ahora bien el ego, que se identifica plena y únicamente con el cuerpo físico, adopta como misión la supervivencia del cuerpo en tanto también es su supervivencia, ya que si no hay cuerpo no hay ego.

Cuando enfermamos hay dos movimientos importantes:

El primero es que el ego se pone en alerta ya que hay algo que está poniendo en riesgo su supervivencia y centra toda su atención en ella para combatirla porque la entiende, muy a su manera, como algo externo a él. De ahí el concepto de que la enfermedad es algo que nos sucede, que viene de afuera. Por eso es muy frecuente escuchar eso de “contraje una enfermedad”.

Y el segundo movimiento, que es el más complicado de explicar, es que el ego sostiene, en cierto modo, la enfermedad porque obtiene de esa forma todos los cuidados y la atención centradas en el. Y yendo un poquito más allá podría decirse que el ego crea la enfermedad como medio de subsistencia. Sé que esto parece ilógico y contradictorio ya que te preguntarás si la misión del ego es mantener el cuerpo (su dominio) con vida ¿Cómo va a querer ponerlo en riesgo?

Precisamente por lo que te decía antes: es una forma, retorcida pero eficaz a su manera, de que centremos la atención en nosotros mismos y también lo haga nuestro clan, la gente que nos rodea. Y también como una forma de “transacción” que luego te explicaré.

Cuando el ego no encuentra satisfacción y seguridad de supervivencia en su vida, por el motivo que sea, busca el modo de obtenerla… ¡y a veces es por las bravas!

Me es necesario aclarar que cuando hablo del el ego me refiero a una construcción mental que hemos desarrollado a través de los años de vida como especie, y no a un ente malvado y externo a nosotros mismos al que hay que combatir. De hecho cumple con su misión: mantenernos vivos. Por eso no estoy de acuerdo con algunas teorías de la “new age” que nos instan a eliminar el ego. No se trata de eso, se trata de entender su mecanismo y de que él esté a nuestro servicio y no nosotros al suyo. Pero de eso hablaré en otra ocasión ya que es un tema para tratarlo en extenso.

La enfermedad como expresión de nuestros conflictos emocionales

Toda enfermedad tiene su origen en un conflicto emocional del pasado (a veces del pasado reciente, a veces del pasado lejano). Esto es, cuando siento que hay algo que no debería ser como es pero no puedo expresarlo y cambiarlo por la imposibilidad del momento en que lo vivo. Eso me genera una contradicción en mi sistema de creencias (entre lo que hago, lo que digo, lo que pienso y lo que siento) que provoca una tensión que el cuerpo, como organismo biológico, intenta solucionar.

Para darte un ejemplo simple:

Mi jefe me grita porque considera que no he hecho bien mi trabajo. Yo considero que no es justo que me trate así. Mis emociones se disparan y mi necesidad de canalizarlas me pide que le grite y renuncie a ese trabajo. Pero, por mi supervivencia (necesito ese trabajo) me callo.

Veamos entonces: me siento muy disgustada porque he tenido que guardarme mis impulsos de mandar a mi jefe de paseo porque necesito el trabajo. Eso me genera un conflicto con un grado alto de tensión.
Mi cuerpo busca la solución a ese conflicto para deshacerse de la tensión: desarrolla una inflamación en la garganta. ¿Qué logra con eso? En primer lugar, la inflamación es un intento del organismo biológico de aumentar el tamaño de la garganta (metafóricamente hablando hace más grande el canal para permitir la expresión de la voz). En segundo lugar escenifica la irritación que siento a nivel emocional en un nivel corporal. Con lo cual estoy expresando de algún modo el conflicto vivido, y a la vez tengo la “excusa” perfecta (me duele la garganta y no puedo hablar) para no expresar algo que pondría en riesgo mi sustento.

El ego, en este sentido, hace una transacción: permite la enfermedad como precio a su supervivencia. Llevado al ejemplo anterior la transacción quedaría así:

“Yo, el ego, te permito estar enfermo (te dejo expresar tu rabia y que recibas un poco de atención de tu entorno y a la vez te salvo de tener que expresar cosas que nos pongan en riesgo) pero tú no renuncias a tu trabajo y así me aseguro la supervivencia”.

Como te dije antes es un ejemplo muy simple, pero muy cotidiano.

Por eso es importante empezar a pensar la enfermedad no como algo externo a nosotros sino como un producto de nuestros conflictos emocionales. Los síntomas corporales nos hablan, a veces de forma directa y a veces con metáforas, sobre su origen. Y comenzar a entenderlos nos sitúa más cerca de la salud.

“La enfermedad es el esfuerzo que hace la naturaleza por curar al hombre” Carl Gustav Jung

Con y desde el Amor…que es todo lo que somos

Claudia Martínez Pardo

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