Por qué ignoramos las señales

Señales ¿Por qué las ignoramos?

Mi madre solía decir “Cuando el río suena, agua trae”

Eso son las señales: el río que suena.

Al principio pueden presentarse como un leve murmullo igual que el sonido de un río desembocando en una pequeñísima cascada.

Más adelante, pueden ser tan sonoras como la caída de agua de una catarata.

Pero su fuerza y su sonoridad nada pueden hacer si uno está dispuesto a ignorarlas.

Las señales pueden presentarse en todos los ámbitos de nuestra vida:

Un jefe/a  abusón, que cada día nos carga más y más de trabajo sin miramientos (o nos exige que hagamos horas extras sin pagarlas).

Una pareja  que descarga sus frustraciones, miedos o estrés de muy diversas maneras.

Un amigo/a  que siempre nos llama cuando tiene problemas y nunca cuando le van bien las cosas.

Una familia  que nos manipula con la culpa.

Estas señales  a nivel inconsciente nos causan, en el mejor de los casos, incomodidad y en tanto sean ignoradas esa incomodidad puede convertirse en síntomas psicológicos y físicos.

Pero…

¿Por qué ignoramos las señales?

La respuesta puede simplificarse en una sola palabra: miedo.

Miedo a perder el trabajo.

Miedo a perder la pareja.

Miedo a no tener amigos.

Miedo a ser el malo de la familia.

Miedo.

Miedo a secas.

El miedo nos paraliza y nos ensordece. Y también nos nubla la vista para que no veamos más caminos alternativos.

¿Y cómo lo hace?

Por medio de las justificaciones (que de paso alimentan con basura el ego)

Si mi jefe me carga de trabajo es porque soy eficiente.

Si mi pareja me habla mal es porque está estresado/a y necesita desahogarse.

Si mi amiga/o me llama para contarme sólo sus problemas (sin preguntarme por los míos) es porque nadie la sabe escuchar mejor que yo sin juzgarle  y con infinita paciencia.

Si mi familia me necesita (aún cuando tenga que dejar de lado mis prioridades) no puedo fallarles ni causarles disgustos, ellos son mi sangre y yo me debo a ellos.

Las justificaciones mantienen a raya tus emociones, claro,  al precio de acumularlas en algún “armario” interior que, más tarde o más temprano, terminará cediendo por el propio peso de las emociones poniéndose de manifiesto como depresión, tristeza, ira, desgano, rabia, falta de ilusión por la vida.

“El miedo a perder es la forma más segura y directa de perder”

Justificar no es igual a comprender al otro.

Justificar es ignorar los límites que estamos permitiendo que se traspasen. Es no tener en cuenta nuestros propios sentimientos, valores y valía.

Comprender es poder entender los motivos que causan la conducta del otro, pero no implica aceptar ser su chivo expiatorio.

Para dejar de justificar y pasar a comprender es necesario cambiar. Movernos de lugar.

Esto no implica que dejes tu trabajo, tu pareja, tus amigos o tu familia. Eso sería querer cambiar los efectos y no sus causas.

Todo cambio es posible sólo dentro de nosotros mismos.

Cambiar es comenzar a escucharte, a reconocer tus propios estados emocionales, a darle importancia a tus necesidades.

Cambiar es darte el permiso a no ser siempre la buena o el bueno de la película. Después de todo la pregunta es ¿bueno/a para quién?

Cambiar es quitarte los tapones de los oídos y la venda de los ojos y ver las señales.

Porque las señales no provienen del otro, simplemente son la devolución del mensaje que estás enviando acerca de lo que crees que es tu propia valía.

Si justificas todo tipo de actos abusivos es que estás abusando de ti mismo/a  a nivel emocional  (y no hablo de violencia y abusos físicos porque eso ya es otro tema, aunque también se mueve por el miedo).

Y abusas de ti mismo cuando niegas tus necesidades,  cuando por miedo a perder algo o a alguien renuncias a tu amor propio para convertirte en la alfombra que atenúa la caída de otros. Entendiendo la “caída” como la toma de consciencia que cada uno debe realizar de hacerse responsable de sus propios conflictos y estados anímicos sin descargarlo en los demás.

Hace muchos años leí una frase que me quedó grabada por su contundencia y dice así:

“Si te pones de felpudo, no te quejes si te pisan”

Cuando ignoramos las señales externas es una clara señal de que estamos ignorándonos a nosotros mismos.

Y nos ignoramos porque hemos generado una visión distorsionada de lo que somos, de lo que valemos, de cuáles son nuestros límites y nuestro derecho a la dignidad.

Recuerda: toda señal que ignores crecerá hasta que no puedas ignorarla. Y ahí tendrás que, si o si, efectuar el cambio interior.

Si necesitas mi ayuda ya sabes donde puedes encontrarme…sólo sigue las señales.

Con y desde el Amor…que es todo lo que somos!

 

Claudia Martinez Pardo

 

 

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